Mantener cinco hábitos saludables puede añadir más de una década a la esperanza de vida, según un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, y publicado en revista Circulation. Los científicos han analizado datos de más de 123.000 personas, recopilados durante un período de 30 años en promedio. Observaron cómo la mortalidad podría verse afectada por cinco factores del estilo de vida. – No fumar. – Bajo índice de masa corporal (18,5 a 24,9 kg/cm²). – Al menos 30 minutos o más al día de actividad física de moderada a vigorosa. – Consumo moderado de alcohol (por ejemplo, hasta un vaso de vino de 148 ml al día para las mujeres, o hasta dos vasos para los hombres). – Dieta rica en frutas, verduras y granos enteros y pobre en carnes rojas, grasas saturadas y azúcar. Al calcular la esperanza de vida promedio de los participantes, notaron una diferencia drástica entre quienes mantenían los cinco hábitos saludables y quienes no. Para los participantes del estudio que no adoptaron ninguno de los factores de estilo de vida de bajo riesgo, por ejemplo, los investigadores calcularon que la esperanza de vida a los 50 años era de más de 29 años para las mujeres y 25.5 años para los hombres. Pero para aquellos que adoptaron los cinco factores de bajo riesgo, se proyectó que la esperanza de vida a los 50 años aumentaría en 43.1 años para las mujeres y 37.6 años para los hombres. En otras palabras, las mujeres que mantenían los cinco hábitos ganaron en promedio 14 años de vida, y los hombres 12 años, en comparación con los que no conservaban hábitos saludables. El estudio se centró en la población estadounidense, pero los autores dicen que los hallazgos se aplican a gran parte del mundo occidental. Este estudio subraya la importancia de seguir estilos de vida saludables para mejorar la longevidad de la población, señaló Frank Hu, presidente del Departamento de nutrición de la Harvard Chan School y autor principal del estudio. Sin embargo, la adhesión a estas prácticas es muy baja. Por lo tanto, las políticas públicas deben poner más énfasis en la creación de ambientes saludables para apoyar y promover una mejor dieta y estilo de vida.